John Milton pronunció, en 1644, su discurso Areopagitica. Son las palabras iniciales de ese discurso las que ubican a Milton entre uno de los más importantes defensores de la libertad de expresión—en estricto rigor, por entonces, de la libertad de prensa. Milton creía que los libros eran algo más que hojas y tapas juntas: porque los libros no son cosas absolutamente muertas, antes contienen una potencia de vida que los hace tan activos cuanto el espíritu a cuya progenie pertenecen
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