A mediados del siglo XVI se acentuó la censura debida, al desarrollo de la imprenta, quedando rezagados los copistas amanuenses y favoreció la difusión de todo tipo de obras generándose la multiplicación de obras generando sobre los gobernantes cierto entusiasmo y recelo es por ello que apoyaban las obras culturales pero ejercían un control sobre los contenidos ideológicos y políticos
que directa o indirectamente afectasen a los gobernantes.
La Iglesia tuvo que enfrentarse a los incesantes ataques de Lutero y los demás dirigentes protestantes, quienes emplearon asiduamente la imprenta para sus fines proselitistas en desmedro del Catolicismo.
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